Crítica | "Crímenes Ocultos": cuando los rusos vuelven a ser los malos

Un nuevo thriller situado en la época de Stalin tiene al genial Tom Hardy personificando a un agente del servicio secreto soviético que cae en desgracia al investigar a un asesino serial 



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Los Estados Unidos están más que dispuestos a convertir de nuevo a los rusos en los villanos del cine. A la lejana Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (del 2008), se le suman otros ejemplos como Búsqueda Implacable 3, Duro de Matar: Un Buen Día para Morir, El Aprendiz, y la serie The Americans, entre decenas de productos "made in Hollywood" destinados a disminuir la simpatía del mundo por Vladimir Putin y su pueblo.
En esta ocasión, el hecho de que el protagonista es un agente del servicio secreto soviético es un hecho con el que el espectador deberá aprender a convivir desde el comienzo del film, aunque ese detalle luego se diluye entre la dureza de los paisajes y personajes que pululan por la Unión Soviética de Iósif Stalin.
Es 1953, y el mandamás supremo de esta superpotencia se encuentra en plena faena de deportaciones y ejecuciones masivas que llevaron a la desaparición de más de 20 millones de ciudadanos que no estaban de acuerdo con los preceptos del régimen.
En este contexto, la aparición de un asesino serial de niños es negada por el Estado, que considera que no puede -irónicamente- existir allí un psicópata semejante, más propio de un país capitalista que de la "utopía" comunista.
En este contexto, el agente y héroe de la II Guerra Mundial, Leo Demidov (Tom Hardy) es obligado a mentir sobre la existencia de este mal y a denunciar a su esposa Raisa (Noomi Rapace), sospechosa de traición al régimen. Como Demidov se niega, es deportado de Moscú a Rostov, donde lo espera el comisario de policía local, el general Nesterov (Gary Oldman).
Como para complicar las cosas, desde Moscú un ex compañero de Demidov, Vasili Nikitín (Joel Kinnaman) opera para asesinarlo y quedarse así con su esposa, a quien desea en secreto.

Tantos cabos para atar provocan que el director suizo Daniel Espinosa (el de Protegiendo al Enemigo) deba hacer malabares para sostener una historia tan compleja y con tantos personajes sin perder el hilo principal en los 137 minutos que dura el film.
Lo salva del fracaso la inmensidad interpretativade Tom Hardy y el espaldarazo que supone la presencia de Gary Oldman (una dupla que vuelve a repetir colaboración tras Batman: El Caballero de la Noche Asciende y El Topo). Por su parte, Noomi Rapace y Joel Kinnaman se muestran como buenos soportes de esta historia aunque algo acartonados, quizá por fallas del guión.
Crímenes Ocultos (Child 44) –que a su vez está basada en el primer volumen de una trilogía de novelas sobre Demidov escritas por el británico Tom Rob Smith- cumple como thriller de asesinos seriales pero no va a pasar a la historia como una de las mejores películas de su género. Sin embargo, tanto la puesta en escena como las ya comentadas actuaciones suponen una buena excusa para pagar la entrada.
CALIFICACIÓN: BUENA

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