Crítica | Sin nada que perder: poliladron texano de alto vuelo



Otra de las películas más nominadas al Oscar de esta temporada es un policial de la vieja escuela en la que dos hermanos se dedican a jugar a Robin Hood en el lejano oeste.


Es evidente que, ante la desesperante situación que atraviesa Hollywood en lo referente a las nuevas ideas, se opta por reflotar el viejo cine de los años ´50. ´60 y ´70. Ya se vio esto con La La Land y se reafirma con “Sin nada que perder”, un western de la vieja escuela reflotado a lo grande.
La trama comienza con las andanzas de dos hermanos que buscan robar  bancos a primera hora del día para minimizar la posibilidad de herir a alguien. La estrategia funciona relativamente bien y por eso le encomiendan a un experimentado agente de los “rangers” la aprehensión de los malvivientes.
Esto, que podría ser el argumento de cualquier western clásico protagonizado por John Wayne, fue tomado por el director David MacKenzie para transformarlo en una amarga fábula de la actualidad, en la que el espectador ruega que los malvivientes se salgan con la suya.
Esto se da principalmente porque el director se encarga de retratar el desolado panorama que rodea a estos delincuentes: una Texas abandonada a su propio destino con rutas en las que se anuncian abogados que pueden ayudar a los endeudados habitantes a protegerse de las tramoyas de los bancos que quieren devorarse el país con sus cuantiosas tasas de interés.
Pero no solamente por ese lado se ven los pingos de MacKenzie: los personajes rompen los estereotipos y por eso los “malos” tienen una conmovedora historia de vida y los “buenos” son incorrectos a más no poder dentro y fuera de su ámbito laboral: el personaje de Jeff Bridges es racista y le hace chistes a su compañero descendiente de aborígenes, el cliente de un banco se extraña de que los asaltantes no sean mexicanos, etc.
 En este marco, las actuaciones son  muy destacables, sobre todo la de Bridges, que tranquilamente puede merecer una estatuilla como la que se ganó con la remake de Temple de Acero, casualmente otro western. Por su parte, Ben Foster y Chris Pine también componen a los hermanos que delinquen por diversos motivos pero con mucha convicción, sobre todo Pine, que generalmente elige papeles en los que la actuación pasa a un segundo plano a favor de la acción.
"Nada que perder" se transforma asimismo en una muy buena oportunidad de entender la mentalidad del norteamericano promedio, ese que votó a Trump con la intención de tirar abajo el establishment político que no le proporciona soluciones sino dolores de cabeza constantes.
Como si eso fuera a ser la solución....


Título original: "Hell or High Water"
País: Estados Unidos (2016)
Dirección: David MacKenzie.
Guión: Taylor Sheridan.
Fotografía: Gilles Nuttgens.
Edición: Música: Nick Cave, Warren Ellis.
Intérpretes: Jeff Bridges, Chris Pine, Ben Foster, Gil Birmingham, Katy Mixon, Dale Dickey.
Distribuidora: Energía Entusiasta. 109 min. SAM13, con reservas.
Calificación: 9- Nada que perder (y mucho por ganar)

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