Crítica | Mi Villano Favorito 3: el viejo truco del hermano gemelo



En la búsqueda de reiniciar la franquicia para seguir llevando a los más pequeños al cine, los guionistas han dejado de lado la frescura y originalidad que los caracterizaron en los anteriores films.
En la era de las secuelas, la franquicia de Mi Villano Favorito no podía quedarse en tan sólo tres películas (dos protagonizadas por Gru y una exclusiva de los Minions) y por eso, a escasos dos años de la película de los pequeños chizitos amarillos llega la tercera entrega de las aventuras de su jefe.
Pero, contra todo pronóstico, las ansias por sacar una película en tal o cual fecha siguen conspirando contra el producto final, y Mi Villano Favorito ha caído dentro de esta vorágine, como si a la película le faltara un poco de maduración. 

Sí es cierto que la historia sigue el patrón ya probado durante los últimos siete años pero en el medio los guionistas (y los productores que deberían haberlos controlado) cayeron en las facilidades de acogerse a todos y cada uno de los clichés del cine norteamericano, como si quisieran hacer un compendio.
La trama retoma la historia del ex maloso Gru y su esposa Lucy que ahora trabajan con la Liga Anti Villanos, desde donde intentan atrapar a Balthazar Bratt, un ex niño prodigio que se quedó son trabajo en los años ´80 y ahora intenta vengarse de Hollywood.
Despedidos de su trabajo por la nueva líder de la Liga, Gru, Lucy y sus tres hijas adoptivas deciden viajar a un lejano país europeo a visitar a Dru, el recién descubierto hermano gemelo del protagonista que tiene allí un emprendimiento comercial de lo más exitoso.


Sin embargo, Dru tiene un oscuro secreto que la familia no tardará mucho en descubrir.
Como para que no haya conflicto  de cartel, los directores dividieron la película en dos partes bien diferenciadas, conflicto mediante: una protagonizada por Gru y los suyos, y otra por los Minions que aparecen acá como un atractivo aparte, una lección que sus responsables aprendieron de Skrat y La Era de Hielo.

De esta manera, el público asiste a una especie de doble función ya que las dos historias transcurren en paralelo y sólo se cruzan al final. Paradójicamente, mientras las escenas de los minions mantienen el nivel de calidad y diversión, las otras caen muchas veces en la repetición y el tedio…. ¡pero a los niños les encantan igual y eso es lo que importa!

De esta manera, lo que debría ser, por lógica, una película que supere a la anterior, se quedó en una un poco peor que, sin embargo, es una buena opción para que los ma´s chicos pasen un buen rato.

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