Crítica | Cars 3: un regreso con alto octanaje



La nueva película protagonizada por los autos parlantes recupera la esencia de la primera para bien y cuenta una historia que retrata mejor que muchos films lo que significa el recambio generacional.
 

El recambio generacional parece ser el tema principal de Cars 3, la última película de Disney /Pixar que se estrenó este jueves en la Argentina y que trae el regreso a la gran pantalla de “Rayo” McQueen y compañía, esta vez en una aventura mucho más entretenida que la última vez.
Ante las críticas suscitadas a raíz del cambio de género sufrido por la franquicia en la segunda entrega, sus responsables optaron por volver a los orígenes y esta vez, en lugar de hacer una versión automotriz de “Doc Hollywood”, optaron por contar una suerte de “Creed” animada.
En esta nueva versión, el Rayo Mc Queen ve cómo sus antiguos compañeros y rivales de carreras van siendo reemplazados por una nueva generación de corredores, mucho más rápidos y modernos. Decidido a no correr el mismo destino que ellos, y a repetir los errores de su mentor, Doc Hudson, el auto rojo decide dar su mejor esfuerzo pero sólo consigue sufrir un terrible accidente que lo deja fuera del circuito durante varios meses.
Cuando ya se considera listo para volver, Rayo se entera que su empresa patrocinante (Rusteeza) ha sido comprada por un magnate fanático suyo que pretende reinsertarlo en el mundo de las carreras pero no para que gane sino para facturar con su merchandising.
Rayo buscará entonces darle una lección a su nuevo jefe y por eso entrenará duramente durante las semanas siguientes junto a Cruz Ramirez, su personal trainer, y sus amigos Guido y Luigi para volver a enfrentarse con Jackson Storm, su nuevo némesis, y ganarle de una vez por todas.
Lejos de la terrible segunda entrega, esta nueva película recupera las raíces de la original y juega una y otra vez –como ya lo hizo Pixar con Toy Story 3- con la melancolía de aquella aventura a la vez que pinta un retrato de lo que significa para una persona “experimentada” en la actualidad el tener que lidiar con el recambio generacional. Rayo compite con corredores que le dicen “mi abuelo me contó lo que eras”, y eso lo enloquece pero al mismo tiempo le da un status de leyenda, aunque él no lo entienda de esa manera.
También hay una retrospectiva de la carrera de Hudson Hornet, cuando Rayo y compañía van en busca de los amigos del desaparecido auto (que fue sacado de la continuidad debido a la muerte de Paul Newman quien le prestaba su voz en la versión original) para que lo ayuden a entrenarse. Esta vuelta de tuerca en el guión no deja de remitir a esa vieja película del desaparecido actor, El Color del Dinero (The Color of Money, 1986) de Martin Scorsese en la que Newman retomaba el papel que interpretó en El Buscavidas (The Hustler, 1961) aunque en esta ocasión como entrenador de billar de Tom Cruise.
Lo cierto es que esta Cars 3 dejará sorprendido a más de uno, y decepcionados a otros pero ningún espectador podrá permanecer ajeno a una historia bien llevada, que transporta a la franquicia a una nueva dimensión y que no significa un cierre ni mucho menos, sino un pasaporte a más diversión en el futuro.
¡Ah! Y el film tiene la dosis justa de Mate, ni un minuto más, ni un minuto menos de esa terrible grúa parlanchina.

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