Crítica | Dunkerque: soldado que huye sirve para una película



En su nueva película, Christoper Nolan reitera su obsesión por contar historias- piezas que luego se unen para formar una mayor. Y el resultado es un excelso film bélico.


Es increíble ver cómo los films bélicos clásicos han envejecido al lado de los que han sido producidos de unos veinte años atrás a esta parte, más precisamente desde el estreno de Rescatando al Soldado Ryan, de Steven Spielberg.
Y es que el cineasta que redefinió a toda una generación dejó la vara a un nivel muy alto y por eso todos y cada uno de los films que le han seguido, buscaron de una u otra manera impactar de la misma manera en el público pero de momento las que más cerca le han pasado fueron Band of Brothers y The Pacific, las dos series que produjeron Spielberg y Tom Hanks para la cadena HBO.
 Sin embargo, podría haber un nuevo contendiente en esta pelea y es Dunkerque, el nuevo opus de Christopher Nolan, el director que ya ha sorprendido en más de una ocasión al público con películas como Interestellar , El Origen, la lejana Memento, y por sobre todo la trilogía de Batman con Cristian Bale.
Es precisamente por esta causa que se ha generado desde hace una buena cantidad de meses una expectativa bastante alta sobre este film, que además supone la primera incursión de este director británico en el género bélico en un tema que ya fue tratado en una película del mismo título dirigida por Leslie Norman en 1958.
Y la verdad es que Nolan, uno de los realizadores más protegidos de Warner Bros. (salvo Memento, todo el resto de sus films han sido producidos y distribuidos por este gran estudio), siempre cumple: su última película Interestellar no resultó tan exitosa como la última entrega de Batman pero así y todo ganó 675 millones de dólares alrededor del mundo siendo una suerte de 2001 Odisea del Espacio del nuevo siglo.

En esta ocasión Nolan se dedica a recontar, en tono épico, la evacuación de los soldados británicos de las playas de Dunkerque (Dunkirk para los ingleses). Luego de que el ejército aliado fueran derrotados por los nazis, unos 400 mil soldados ingleses quedaron varados en esa playa debido a que al ser muy bajas, no había suficientes embarcaciones del calado suficiente para evacuarlos.
El gobierno de Winston Churchill decidió poner en marcha la llamada Operación Dynamo y confiscar todo tipo de embarcaciones pequeñas de los muelles británicos para cruzar el Canal de la Mancha y rescatar a sus compatriotas, a los que, por otra parte, no tenía ningún problema en dejar abandonados a su suerte.


En éste contexto, el director decide contar la historia desde tres miradas bien diferentes: un soldado que se encuentra varado en la playa, el dueño de uno de los yates confiscados que decide pilotar él mismo, y un piloto enviado a proteger las embarcaciones particulares.
Mediante este recurso, el espectador asiste desde todos los ángulos posibles a esta imponente obra que, sin embargo está realizada con recursos humildes pero más que efectivos para que el director logre crear climas increíbles durante los 106 minutos que dura esta odisea. Gran parte de este mérito se lo lleva Richard King, el ingeniero de sonido ganador del Oscar por su labor en Capitán de Mar y Guerra: La costa más lejana y El Origen. King logra que cada caída en picada de un bombardero stuka, cada sirena de ataque aéreo, y cada explosión incomoden al espectador de una manera total, como si estuviera en el lugar.



Claro que para encarar una obra de estas características, Nolan cuenta con un reparto increíble, encabezado por Fionn Whitehead como Tommy, el soldado que quiere escapar de la muerte, el ganador del Oscar por Puente de Espías (y que se lo birló a Stallone, hecho que jamás será perdonado aunque sea justo y merecido) Mark Rylance como Mr. Dawson, el dueño de uno de los cientos de yates que cruzaron el Canal de la Mancha para buscar a sus compatriotas; y el infaltable Tom Hardy como Farrier, uno de los pilotos enviados a proteger a los navegantes. En papeles secundarios están el grandioso Kenneth Branagh, el actor fetiche Cillian Murphy, Tom Glynn-Carney (Peter, el hijo de Dawson), James D´Arcy. El nivel de la película es tal que incluso el One Direction Harry Styles se destaca como un soldado británico. Dicen que hizo el casting sin que el director sepa quién era y quedó igual… ¡qué casualidad!
Para los seguidores del género, hay batallas aéreas (“dogfights”, como les dicen), acciones navales, e incluso escaramuzas,  y todas ellas contadas en primera persona por los protagonistas, que conforman una suerte de tríptico que, al promediar la obra, le da una nueva dimensión a la película. Dunkerque no es una crónica detallada de la historia - de hecho a veces omite hechos concretos como la cobertura que le dio el ejército francés al británico, dato por el que en ese país llamaron la atención- pero como historia es cruda, realista y efectiva.


Lo último a recomendar de esta película es la escena final, que contiene una muestra de poesía cinematográfica, y en la que se mezclan las tres historias con las partituras de Hans Zimmer en un crisol, algo que permite abstraerse de los horrores de la guerra, al menos por un momento.
PD: Para los que buscan a Michael Caine (otro figurín infaltable en las obras de Nolan), por favor prestar atención a las comunicaciones de radio de los pilotos al inicio del film.

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