Crítica | Spider-Man: De Regreso a Casa (Spider-Man Homecoming)




La sexta película del trepamuros en tan sólo quince años llega en la continuidad “oficial” de Marvel y se apoya en estos films para lograr una historia en la que la diversión está en primer lugar.
 





Y finalmente llegó la esperada película de Spider-Man “made in Marvel Films”, es decir el oficial, el “autorizado” por los creadores de Los Vengadores.
¿Qué quiero decir con esto? Pues que Disney / Marvel no cuenta con los derechos cinematográficos de su propio personaje, que fueron vendidos a Sony Pictures en los años ´90 y debieron llegar a un acuerdo con este estudio para poder usarlo en Captain America: Civil War. A cambio, Sony obtiene la presencia de Iron Man (Robert Downey Jr.) como el mentor de este Spider-Man, que por cierto presenta grandes diferencias no sólo con sus anteriores versiones cinematográficas sino también con el comic original de Stan Lee y Steve Ditko.
Por eso, para ver esta película, hay que sacarse de la cabeza las 5 anteriores, la última estrenada hace apenas 3 años, y entrar a la sala con la cabeza muy fresca y dispuesta a divertirse.  O sea: puristas y “haters”, abstenerse.

Como decía, la principal característica de esta nueva aventura del trepamuros es su frescura, es decir, que todo lo que nos vamos a encontrar a lo largo de la película es nuevo, a pesar de que ya lo vimos una y otra vez.
El colegio al que concurre Peter Parker (Tom Holland) es una secundaria de gran prestigio, en la que sus alumnos son en su mayoría “cerebritos”, por lo que el protagonista puede pasar más desapercibido y justifica en gran medida su desarrollo intelectual. Pero además, el director se encarga de retratar el instituto como un lugar público y abierto a toda la comunidad y entonces vemos a un adolescente judío ortodoxo, a una joven musulmana, a una versión latina de Flash Thompson (Tony Revolori de “Gran Hotel Budapest”, que recibió amenazas de fans enardecidos para que abandone el proyecto por su etnia), un mejor amigo súper nerd (más nerd que Peter) y un interés amoroso afroamericano. Sí, por primera vez en sus películas, Peter busca entablar una relación con una chica negra. ¿Tendrá más suerte esta vez?
El barrio por el que se mueve Peter, también colabora y mucho en la ambientación de la película: el personaje conoce y entabla relaciones con todos sus comerciantes y residentes, haciendo más plausible eso de “amistoso vecino Spider-Man”, al tiempo que logra que esa parte de la ciudad se transforme en un protagonista más de la historia.

Más diferente, más parecido
A pesar de todas estas diferencias “físicas”, por llamarlas de algún modo, el personaje es el mismo Parker de siempre, con sus conflictos internos, sus metidas de pata y su heroísmo. Eso sí, no esperen ver por enésima vez la muerte del Tío Ben ni toda esa perorata de “con todo gran poder…”; este Peter es una suerte de versión 2.0 que busca dejar en el olvido las películas de Sam Raimi y Marc Webb y por eso trata de apartarse de todos los temas que ya fueron tratados en esas oportunidades. 

 Contra todo pronóstico, Iron Man aparece físicamente durante algunos pasajes del film, sino que envía a Happy Hogan (Jon Favreau) a hacer el trabajo sucio por él, vigilando a Peter para que no se desboque. Sin embargo, el protagonista es un adolescente (al menos su papel lo es) y por ende impulsivo y poco cuidadoso, por lo que Tony oficia de mentor –e inclusive de imagen paterna- omnipresente de este "nuevo" superhéroe del Universo Cinematográfico de Marvel Oficial.
El verdadero hallazgo es el villano. Michael Keaton dejó la capucha de Batman para convertirse en El Buitre, uno de los enemigos clásicos de Spidey, que todavía no había llegado al cine, junto a “Shocker” y otro villano cuya aparición quedó supeditada a futuro. Keaton hace un estupendo trabajo como un Adrian Toomes, mucho más joven que el personaje original y con un traje más intimidante, pero se luce realmente en la última parte cuando un suceso fortuito se traduce en una nueva tragedia.


Y parece una obviedad a estas alturas pero casi no queda lugar para el apartado técnico que a estas alturas ya roza la perfección. De la tosca pero efectivísima animación que desarrolló Raimi en las primeras entregas, se llegó ahora a un desarrollo a la hora de retratar a Spidey que no tiene límites. En las dos horas de películas, el director John Watts (El Payaso del Mal) logra mostrar a Spidey en todas y cada una de las poses que ha adoptado en todos estos años de historietas. Watts además logra llevar muy bien el ritmo de la película y encaja a la perfección las piezas de este rompecabezas que une escenas de acción con drama y comedia al mismo tiempo. Y no todo el mundo tiene esa capacidad pero cuando hay seis guionistas (sí, 6, incluido el propio Watts), las cosas solo pueden salir bien, como viene demostrando Disney/ Marvel en los últimos tiempos.

¡Ah! En esta película hay bonus tracks, en este caso uno referido a una futura secuela y otra relacionada a una serie de cortos del Capitán América que van apareciendo a lo largo de toda la película (sí, Chris Evans también está presente) y que le ponen un punto final y divertido.
El último gran descubrimiento de esta película es el plano musical, con Michael Giacchino (Star Wars, Star Trek, Dr. Strange) como un gran conductor de orquesta que inclusive se da el lujo de reversionar el tema de la clásica serie animada de los ´60; y con una banda sonora que incluye canciones de The Ramones, The Rolling Stones y The Underdog, entre otros, y que te dan una idea de que el producto está cuidado hasta en los más mínimos detalles.
Esperemos que esta vez sí, la cosa dure un poco más que tres films y por sobre todo, que en todos ellos aparezca la Tía May, interpretada por la inmutable Marisa Tomei.

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