Crítica | Transformers, el último caballero: la quinta no es la vencida

En su nueva producción de Michael Bay insiste con los mismos tópicos de las cuatro entregas anteriores y logra un film idéntico pero, eso sí, con Anthony Hopkins.



A esta altura del partido es inútil insistir con que las películas de Transformers son malas. De hecho son muy malas y duran una eternidad (encima siempre se estrenan en vacaciones de invierno, cuando la luz del día no rinde nada) pero lo cierto es que, por alguna extraña razón, mantienen en nivel de éxito intacto hace diez años.
El responsable máximo de este “invicto” de taquilla -además del productor ejecutivo Steven Spielberg- es Michel Bay, uno de los directores más vilipendiados de Hollywood, quizá sólo superado por el inigualable Uwe Boll, que no sólo se encarga de la realización, sino también de la producción ejecutiva y el guión, y eso se nota. Bay es uno de esos tipos que alternan entre uno de estos filmes y uno que equilibre su prestigio profesional, pero lo cierto es que ni siquiera esos exponentes logran quitarle de encima ese karma. Eso sí, a fin de mes llega re bien parado.
Yendo directamente a esta película, la trama se ubica en un comienzo varios siglos atrás, en la época del Rey Arturo y sus caballeros de la mesa redonda (uno de los cuales es de raza negra como para que la trama resulte muy verosímil de entrada) donde se descubre que el mago Merlín (Stanley Tucci) no es sino un borracho que se aprovecha de la tecnología de un grupo de Transformers que llegaron a ese lugar para acabar con los enemigos del monarca.
En la actualidad, y siguiendo la prerrogativa iniciada en la cuarta entrega, Cade Yeager (Mark Wahlberg) sigue salvando a los Autobots de la persecución a la que han sido sometidos a lo largo de estos años. En una de estas acciones se topa con uno de estos Transformers medievales que le entrega un extraño medallón que lo conectará de alguna manera con el último de los de descendientes de Merlín, Sir Edmund Burton, interpretado por Anthony Hopkins.
Sí, el legendario actor británico es la nueva incorporación de Transformers y, junto a John Turturro y el propio Wahlberg y todos ellos deberán trabajar juntos desde diferentes partes del mundo para evitar que Cybertron choque contra el planeta Tierra y lo absorba.





Así  de delirante es la trama de esta quinta entrega, en la que no ahorran minutos para burlarse de todo y de todos (en EE UU los robots son perseguidos pero en Cuba, Castro les permite asolearse en las playas y algunos de ellos trabajan como… ¡personal trainers!) pero sí en aportar elementos clave en la trama. En un momento en el que los Transformers caen en una nave a salvar a sus compañeros, Wahlberg le pregunta a una nena (el componente infantil siempre presente) “¿recibiste el mensaje que te envié?” cuando nunca se vio que le envíe ese mensaje.
Pero así son estas películas, cuando más presupuesto hay, menos importa la trama (que contiene todos y cada uno de los clichés del género de la acción); cuánto más delirantes son, mejor recaudan. Eso sí, a la tercera nadie le gana en incomprensibilidad.
Para darse una idea, 
En esta película, los efectos especiales están a la orden del día, aunque no hay respeto por el status quo de los protagonistas de las entregas anteriores y regresan personajes que estaba muertos o “reconstruidos”, mientras que hay regresos inesperados como el de Josh Duhamel como el ahora coronel William Lennox y el inexorable Agente Simmons de Turturro.
Consejo: no vaya buscando nada y se va a divertir, pero lo que verdaderamente vale la pena de esta película es la pasión con la que la devoran visualmente los más pequeños. Lástima que, habiendo mejores ejemplos, sean estas Transformers (¡Transformers, for God´s sake!) las que los llevan a disfrutar el cine.
Otra vez será.

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